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La polarización como estrategia, por Valeria Moy

posted Sep 26, 2018, 9:07 PM by Pinos México   [ updated Sep 26, 2018, 9:12 PM ]

Llevamos diez días hablando sobre un término utilizado por el presidente electo al inicio de su gira de agradecimiento en Nayarit. Los que opinan, los medios, las redes, los foros han discutido el significado del término bancarrota. Recurrimos a los diccionarios, a las metáforas y a los sentimientos para tratar de entender un término que en otro momento hubiéramos considerado claro. Unos citan un artículo, otros citan otro, evidentemente escogiendo el que más convenga a los argumentos de cada uno.

Resulta que, de lo que descubro, cuando alguien menciona que está en bancarrota, bajo ninguna circunstancia se puede asumir que esa persona se encuentra en tales aprietos económicos que no puede hacerle frente a sus obligaciones financieras. Quizás la bancarrota en la que se encuentre sea moral, espiritual, anímica, o incluso podría deberse al descrédito de su sistema de creencias o valores, aludiendo a una de las acepciones del término bancarrota que menciona Lorenzo Meyer en su multicitado artículo en El Universal.

Parece inútil aclarar que financieramente el país no está en bancarrota. Decir que no lo está, en el entorno mediático y de redes enrarecido que se vive ahora, representa extrañamente una aprobación del manejo de las finanzas públicas que ha llevado a cabo esta administración. Evidentemente no basta haber escrito artículos alertando sobre el incremento de la deuda, estudiar el Presupuesto y haber alzado la voz para difundir cómo el costo financiero de la deuda se come cada vez una porción mayor del Presupuesto. Decir que el país no está en bancarrota, en este entorno extraño que se vive hoy, significa aparentemente negar la pobreza del país, pretender que no existe la desigualdad o ser creyente de los dogmas del neoliberalismo (lo que sea que eso signifique). No sé en qué momento se alcanzan esas conclusiones.

Hay quien dice que no es relevante, que no importa, que no pasa nada. Total, los mercados financieros no reaccionaron, el presidente electo puede decir lo que sea porque 30 millones de mexicanos votaron por él. Difiero. A mi parecer, las palabras importan. Quizás no se hayan movido los mercados, pero sí ha habido un impacto. Un impacto que no es ajeno al discurso que Andrés Manuel López Obrador ha llevado desde siempre: la polarización.

Reconozco un rasgo positivo de esa polarización. Nos involucramos más y en temas diversos. Viendo el vaso medio lleno, esto puede contribuir al aprendizaje. Hoy sabemos más de aeropuertos que lo que sabíamos hace un año. Ya conocemos las varias acepciones de bancarrota. Ayer, un diputado federal por Oaxaca comentó que se deberían usar las reservas internacionales de Banco de México para resolver la bancarrota… Bancarrota que no existe, porque si la que existe, como se ha señalado, es la moral, pues no servirán de mucho las reservas internacionales. Así que, en una de esas, en pocos días también aprenderemos más de política monetaria, de reservas internaciones y de finanzas públicas.

Así, la utilización —desde mi óptica, equivocada— del término bancarrota cuando lo que estaba tratando de transmitir el presidente electo a la gente que lo escuchaba era que no podría cumplirles todas sus demandas, como es normal, ha derivado en una discusión, polarizada desde luego, sobre el uso que se le debería de dar a las reservas internacionales, sin tener el menor reparo en las consideraciones monetarias y económicas que esto tendría sobre el país.

Pero la polarización lleva también a enojo y a agresión. Se vuelve un escenario de unos contra otros. Y este entorno se fermenta aún más con las mesas de debate en todos los medios, donde se enfrentan posiciones, pero se debate poco. Se han ido generando, derivado de la propia polarización, grupos que están dispuestos a defender lo que sea, pero no están tan dispuestos a escuchar. A veces parecen diálogos de sordos donde cada quien dice lo que quiere y cada quien escucha lo que le acomoda. Aplica para ambos lados de la discusión de que se trate.

La cuarta transformación que pregonaba amor y paz no se ha quedado ni en las palabras. Si en algo ha sido exitosa es en confrontar y en alejar posiciones en las que estoy convencida que podrían lograrse lugares intermedios y puntos de acuerdo. No hay un resquicio de amor y paz en los seguidores de López Obrador que agreden sin ningún control de sus palabras ni de sus expresiones, protegidos por el anonimato o por la distancia de las redes sociales. No hay deseo de escuchar ni de convencer. Solo hay deseo de marcar distancias: ustedes y nosotros.

Puede ser que la polarización funcione como estrategia política. Divide y vencerás, dicen por ahí. Quizás estas divisiones ganen elecciones, pero no lograrán mejorar un país al que mucha falta le hace avanzar. La polarización hará que las grietas se vuelvan abismos.

Por Valeria Moy, El Financiero, 26 de Septiembre de 2018

El 2018 se definió en 2017, por Raymundo Riva Palacio

posted Jul 4, 2018, 6:24 AM by Pinos México   [ updated Jul 4, 2018, 6:28 AM ]

La campaña electoral del Estado de México empezaba a dar visos de un resultado desastroso para el PRI. El partido del Presidente en la tierra del Presidente. Esto no era opción. A pesar de haber pactado con Ricardo Anaya el impedimento de una alianza PAN-PRD para asegurar el triunfo del PRI, los estrategas del PRI y los Pinos buscaron un Plan B: Una negociación con López Obrador.

 Andrés Manuel habría nominado a una perfecta desconocida para competir por el Estado de México. La campaña, sin embargo, fue protagonizada por López Obrador. Cuentan que el CISEN tenía registrado que López Obrador estuvo presente en 3 de cada 4 eventos de campaña de Delfina Gómez. Y no solo estuvo presente, sino que también habló más que la candidata en todos los eventos donde ambos personajes convergieron. 

El reporte en Los Pinos fue: Andrés Manuel López Obrador y Delfina Gómez están en condiciones de ganar el Estado de México. Inadmisible, el PRI y el Grupo Atlacomulco no podrían perder el Estado de México en el 2017. Era urgente negociar con Andrés Manuel. ¿Qué era eso que Andrés Manuel quería más que el Estado de México? La Presidencia de la República.

¿Valía la pena perder la Presidencia de la República por mantener el Estado de México? Sin duda alguna. Quien quiera que fuere el nuevo Presidente Priista, como en otras ocasiones, negaría sus orígenes y voltearía la espalda a quien lo nominó. El Estado de México, por el otro lado, no es la parte política sino la empresarial, la que pesa. Los intereses del grupo Atlacomulco van mucho más allá de la política, están sumamente arraigados en la zona industrial más grande de México.
 
La negociación fue sencilla, clara y contundente: Si mantiene el PRI el Estado de México, el Gobierno Federal no solamente no se opondrá a que López Obrador logre la Presidencia, sino que nominarían en el PRI a un candidato que dividiría el voto panista y además, atacaría con la justicia a quien quiera que llegara de candidato en el PAN. Andrés Manuel se mostró incrédulo al principio, pero las muestras de apoyo no tardaron en llegar, y Gutiérrez Müller le hizo ver que este era uno de los caminos pragmáticos que tendría que viajar para llegar al Objetivo Máximo. 

El PRI ganó la elección del Estado de México. Dos semanas antes, Andrés Manuel se peleó con periodistas como Jorge Ramos, Carmen Aristegui y Pepe Cárdenas. Mostró su lado autoritario y beligerante, ahuyentó al votante indeciso. Pero más importante, no dijo nada cuando se dieron los resultados. Aceptó la derrota de Delfina en su nombre, como un gran demócrata. Perdía el Estado de México, pero aumentaba sus posibilidades para la Presidencia. El pragmatismo López Obrador-Gutiérrez Müller habría dado su primera muestra de existencia. Vendrían más. 

El resto de la película la tenemos clara. Ricardo Anaya y José Antonio Meade, nunca dejaron de pelearse el voto opositor contra López Obrador, mayormente panista. Se ejecutó un cerco informativo sobre Anaya, y se le impuso un equipo de campaña inoperante a Meade. Televisa, Milenio, Reforma volcados a favor de Andrés Manuel. Como resultado, López Obrador tomará protesta como presidente el próximo 1ero de diciembre de este 2018. La decisión del 2018 no se tomó en las urnas este año, se tomó en el 2017 en una mesa de negociación.

Por Raymundo Riva Palacio, 2018

Carta de Denise Dresser a AMLO: "A vigilarte..."

posted Jul 4, 2018, 6:11 AM by Pinos México   [ updated Jul 4, 2018, 6:12 AM ]

Sr. Presidente,

Te escribo estas líneas, sentada en mi escritorio, con el pulgar manchado de tinta indeleble, con sentimientos encontrados. Esperanza y zozobra. Alegría y temor. Gozo por lo que decidimos dejar atrás e inquietud ante lo que vendrá. Sé por qué ganaste; sé por qué el voto se volcó en tu favor. Como nadie recorriste el país y entendiste su enojo. Como nadie capturaste el sentir de los indignados, los enfurecidos, los enojados. Años de democracia diluida, transición trastocada, igualdad creciente, pobreza lacerante. Años de sacar al PRI de Los Pinos para verlo regresar, más corrupto, más rapaz, más desalmado. Años de instituciones puestas al servicio del poder y no del ciudadano. Y tú, el insurgente, ofreciste lo que tantos querían oír. La refundación. La transformación. El rompimiento con el viejo régimen. Invitaste al país a hacer historia contigo. Y la mayoría te acompañó; algunos con entusiasmo, otros con ambivalencia, muchos para darle un puntapié al priismo.

Había que castigar al PRI por su patrimonialismo y al PAN por mimetizarlo. Había que sacudir al sistema y darle un puñetazo al statu quo. Era imperativo retomar el camino de una transición que se truncó por una partidocracia rapaz, unas autoridades electorales que fueron perdiendo credibilidad e imparcialidad, un sistema de justicia para la protección de los privilegiados, un pacto de impunidad que permitió la supervivencia política de la podredumbre. Fuimos saboteando la consolidación democrática, sexenio tras sexenio. Permitimos que el "neoliberalismo a la mexicana" concentrara la riqueza y perpetuara la pobreza. Ignoramos la violencia que fue convirtiendo pedazos del país en tierra de nadie, disputados por los cárteles, sembradíos de cadáveres y de fosas. Contemplamos cómo la guerra contra las drogas se convirtió en una guerra contra los mexicanos, liderada por Fuerzas Armadas que no saben estar en las calles, llenándolas de "daños colaterales". 240,000 muertos, 34,000 desaparecidos; las cifras de la barbarie. Las cifras del México roto.

Y tú fuiste de plaza en plaza, de pueblo en pueblo, dándole voz al horror. Atizando los agravios y reconociéndolos. Triunfaste porque tu diagnóstico es el correcto. México ha sido expoliado por sus élites y exprimido por sus intereses enquistados y victimizado por su vetocracia sindical y empresarial. El péndulo de la historia se corrió de la acumulación a la redistribución; de la derecha a la izquierda como lo explicara Albert Hirschman. Todo eso lo entiendo, lo reconozco. Pero aun así, no soy de las jubilosas que quiere abrazarte, izarte en hombros. Porque no sé cómo gobernarás, a quiénes escucharás, a cuáles miembros de la "mafia en el poder" perdonarás, qué modelo económico instrumentarás, qué sistema de justicia edificarás, si serás el líder aplaudible de una izquierda progresista o el líder cuestionable de un lopezobradorismo conservador. Ante nosotros se vislumbra una Terra Incognita.

No temo que México se vuelva Venezuela. Temo que México siga siendo el mismo México. Un país clientelar alimentado por un Estado dadivoso que crea recipientes en vez de participantes. Un país que mantiene el capitalismo de cuates, solo que con otros cuates, los tuyos. Un sistema de partido hegemónico renovado con pocos contrapesos. Un andamiaje institucional corroído cuyas falencias sean suplidas por el presidencialismo resucitado. Me anima tu incorruptibilidad personal, el perfil de ciertas personas que te rodean, el espíritu de renovación que te acompaña. Me preocupa que ataques a la prensa, desdeñes al Congreso, denuestes a la Suprema Corte, descalifiques a la sociedad civil, dividas a la población entre los "buenos" que te apoyan incondicionalmente y los "malos" que lo son sólo por cuestionarte. Y es cierto que muchas de las organizaciones y las instituciones que señalas son indefendibles. Pero habrá que remodelarlas, no saltar por encima de ellas.

Hoy, el día después, estaré haciendo la tarea que me toca: vigilarte, exigirte, recordarte el imperativo de reconciliarnos. De gobernar en nombre de todos y no solo de quienes votaron por ti. De reconocer el pluralismo y promover la tolerancia. De combatir privilegios y corrupción pero también en tu propio partido. Y decirte: México no es el país de AMLO o Morena o sus gobernadores o sus diputados. Es el país de uno. El país nuestro. En 2018 y siempre.

Por Denise Dresser, Periódico Reforma, 2 de Julio de 2018

Aparenta Enrique Peña Nieto apoyo a AMLO para la Presidencia de México en 2018

posted Jan 3, 2017, 10:24 PM by Pinos México   [ updated Jan 3, 2017, 10:26 PM ]

Las actitudes del jefe del Ejecutivo dan la impresión de poner la mesa para el triunfo negociado y definitivo de Andrés Manuel López Obrador en las próximas elecciones presidenciales.

Tras la visita de Donald Trump a México, había que estar atentos a nuevos ‘errores’ del presidente, Enrique Peña Nieto (EPN), que nos ayudarían a confirmar o descartar la hipótesis de que tiene toda la intención de enterrar las posibilidades de su partido rumbo a la elección presidencial de 2018.

Hay dos opciones: o de verdad es tan torpe que se equivoca demasiado con decisiones impopulares -como el mega ‘gasolinazo’, por citar un simple ejemplo-, o esas equivocaciones son intencionales, con el propósito de infligir un daño grave no a su popularidad -que ya es irreparable, y lo sabe-, sino al PRI.

Tener el poder unipersonal de hacer perder al partido gobernante tiene un valor con el que se puede negociar a un alto precio.

Llama la atención que el propio EPN, durante la instalación del Consejo Político Nacional del PRI el 27 de noviembre pasado, dijera a los priistas: ‘No se dejen contagiar por los derrotistas […] y menos por aquellas voces que intentan confundir y engañar por supuestos pactos sobre batallas electorales que habremos de librar.’ No está claro a qué se refería, pero encaja bien con el clásico ‘explicación no pedida, culpabilidad manifiesta’.

Días después se anunció que se dispararía en casi 10% el salario mínimo. El presidente debió saber que eso no le haría quedar bien con nadie, pues sus promotores se quejarían –como fue- de un aumento insuficiente, y quienes hemos advertido los altos costos que se pagarán por esa alza populista, lo criticaríamos aún más.

Por si fuera poco, el ‘mega gasolinazo’ de 2017 ha vuelto a generar inconformidad entre los mexicanos. Puede estar seguro que eso en nada abona a las probabilidades del PRI de repetir en Los Pinos en 2018.

Los aspirantes presidenciales de ese partido deben estar muy preocupados, incluido el propio secretario de Hacienda, José Antonio Meade, a quien versiones periodísticas colocan como un posible candidato.

A propósito, haber dejado al propio Meade y no a un subalterno como el responsable de dar la cara y de defender el gasolinazo, mientras el presidente y el resto del gabinete estaban de vacaciones, fue un golpe bajo que le ha echado al titular de Hacienda una pesadísima carga. ¿Será que Peña Nieto no quiere dejar el mínimo cabo suelto?

Y es que 2017 no parece un camino tan difícil de recorrer electoralmente al menos en dos entidades clave, Coahuila y el estado de México, donde la estructura priista, los mares de recursos públicos que fluirán y las debilidades de la oposición hacen poco probable que el PRI pierda los cargos de gobernador en juego. El 2018 en cambio, es otra cosa.

EPN le está poniendo en charola de plata la presidencia de la República a López Obrador y eso es sospechoso. Igual lo es que AMLO sea el consentido de grandes medios de comunicación que antes le tundieron. Esto último es imposible que haya ocurrido sin, al menos, el Vo.Bo. del Ejecutivo para su recurrente aparición.

Cualquiera sabe que un simple guiño de EPN bastaría para bajarlo del ‘mainstream’ de Televisa y TV Azteca.

En suma, Peña Nieto sigue empecinado en hundir a su partido, en preferir la irresponsabilidad y el clientelismo en el ejercicio del gasto público, a la responsabilidad; en incumplir su palabra y promesas a costa de la estabilidad económica presente y futura del país; y en encajar el diente a los contribuyentes mexicanos.

Ojalá se tratara sólo de hundir a un partido, pero no. Al poner la mesa para el triunfo negociado y definitivo de López Obrador, este sexenio podría ser sólo el preludio de uno todavía peor, como peor, es el populismo radical.

Le adelanto entonces que la debilidad del peso continuará por estas y otras causas locales expuestas –además de las externas derivadas del factor Trump-, lo mismo que las presiones inflacionarias.

En Banxico saben muy bien de esto y de lo que viene, por lo que Carstens, vaya que hizo bien en dar las gracias. Así no se puede.

Por Guillermo Barba, Forbes México, 3 de enero del 2017

El mejor Presidente que México podría tener en 2018

posted Dec 21, 2016, 9:27 PM by Pinos México   [ updated Dec 21, 2016, 10:32 PM ]

¿Quién es el mejor candidato para ser Presidente de México en 2018?

Volteen a ambos lados, miren al centro. No hay candidatos a la altura. Propongan un nombre si pueden defender su capacidad, vocación y viabilidad política.

En un México dividido como el que la historia ha construido no será suficiente un extremista de izquierda ni uno de derecha. No nos sirven más los políticos de carrera, contagiados por la enfermedad del poder. El sistema está demasiado deteriorado para que esto pueda funcionar. Lo que se necesita es un profesional de la cosa pública.

Ha llegado el momento de la meritocracia en la cosa pública en México. Es increíble, y sin embargo real, que la gente de mejor nivel y educación en México no quiera involucrarse en los asuntos públicos del país porque les da asco. 

Al mismo tiempo, es admirable observar a los pocos que se atreven a hacerlo de una manera honesta. México necesita un Presidente con una base fundamentada en las raíces de la filosofía política, un líder que la gente pueda admirar, y con quien la gente más capaz desee cooperar por el bien público del país. Esta admiración, liderazgo y meritocracia se personifica en José Antonio Meade.

Él podrá negar su aspiración al rol del que estamos hablando, ya que sabe que puede influir y tener un impacto detrás de los reflectores, desde una posición más cómoda, como lo ha venido haciendo en los últimos 18 años. Sin embargo, también es una persona que está consciente de la responsabilidad que su educación y carrera privilegiada le conllevan.

José Antonio Meade es un profesional que ha demostrado no tener escrúpulos en enfrentar los problemas más profundos de México: la impunidad y la corrupción, la desigualdad y la pobreza, la falta de educación y de oportunidades. Es un profesional que Presidentes de México de partidos diferentes han llevado consigo a representar a nuestra nación en las cumbres más altas del mundo. Es un profesional que conoce la casa donde trabaja: sea desarrollo social, política exterior, energía o finanzas públicas; ha demostrado ser un líder incuestionable cuya última intención es trabajar por el bien de los mexicanos.

Quizá el hecho de que Meade no esté amarrado a ningún partido político es lo que le ha permitido desarrollarse como un funcionario público de primer nivel, de forma efectiva, en los últimos 12 años. Jose Antonio Meade no es el típico político acorralado por compromisos e intereses partidistas, caciquistas y/o privados como otros políticos en la escena (aka… Chong, Videgaray, Zavala, Moreno Valle, López Obrador). Esto mismo le permite actuar libremente, como sabe hacerlo, para servir a la gente de México y no a los grupos de interés y/o privilegios. Como pueblo de México no podemos permitir que esta misma razón le impida ser candidato.

José Antonio es un profesional probado a quien los medios no han alumbrado suficiente. Meade ya dio el primer paso a través de la difusión de sus exitosos programas sociales. Sin embargo, solo es cuestión de que el cuarto poder se percate de la oportunidad que México tiene con él, y que de boca en boca, se construya la plataforma que se necesita para ser reconocido públicamente como un líder nacional. En añadidura a esto, un empujón de Televisa, no vendría mal. Por su trayectoria, Meade es un líder que une al país como ningún otro.

Basta de politiquerías y dedazos. Basta de candidatos elegidos por partidos. Y también basta de ciudadanos que se dedican a criticar y nunca han hecho algo para cambiar las cosas fuera de escupir su enojo en las redes sociales. Como en las religiones, hay que estar abiertos a tomar lo mejor de las diferentes corrientes políticas. Píntese de rojo, verde o azul; si hay que cambiar los estatutos de un partido para que pueda ser candidato, adelante. Estos se han cambiado por razones mucho más irrelevantes para el bienestar de la gente. Por su parte, el ciudadano debe superar los estereotipos que se le atribuyen a los perfiles existentes por el simple hecho de pertenecer a un partido; debemos ser más profundos que eso y fijarnos en la persona. Es hora de que la voz del pueblo se escuche para elegir a los candidatos que el pueblo quiere y necesita, y a través de las urnas lleguen al poder. Aprendamos de los acontecimientos del pasado y de lo sucedido en otros países para que no nos veamos obligados a elegir al menos peor en nuestro ejercicio electoral.

México merece y tiene la oportunidad de ser una potencia mundial. Una potencia mundial donde cada vez más mexicanos vivan mejor. Una potencia con un Estado de Derecho, con igualdad, educación de calidad y con oportunidades para que cada ser humano se desarrolle conforme a su potencial. Una potencia en las múltiples facetas que el bienestar de la gente requiere. Suena utópico pero solo apuntando a las estrellas te acercas al sol. Otros países lo han hecho. Tenemos que creerlo, es lo menos que podemos hacer y aspirar para nuestra gente. Meade Kuribreña puede llevarnos ahí.

Ha llegado el momento de que los ciudadanos y los grupos de influencia y poder reconozcan que lo mejor para México es un gobierno profesional desde la silla más alta. La cascada contagiará.

Anónimo, 21 de diciembre de 2016, Pinos México

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Fin del sueño de Peña Nieto, por Denise Dresser

posted Oct 19, 2014, 9:14 PM by Pinos México   [ updated Oct 19, 2014, 9:16 PM ]

El sueño sobre el sexenio de Enrique Peña Nieto duró un año y poco más. Las portadas triunfalistas, los artículos apoteósicos, los aplausos sin fin. El presidente que iba a salvar a México. El líder que a base de reformas iba a mover al país. El equipo que acabaría con la pesadilla de parálisis y violencia que caracterizó los periodos de sus predecesores. Así se hablaba, así se celebraba, así se alababa. Pero al parecer el adormecimiento adulador ha llegado a su fin, como lo ejemplifica la portada de la revista Forbes donde se afirma que Enrique Peña Nieto está perdiendo sus mejores años para detonar el crecimiento económico de México. Que la tasa prometida se ve lejana. Que una burbuja financiera podría acabar con las expectativas excelsas que Los Pinos generó.

Porque los riesgos están por doquier, y no sólo se encuentran en los pronósticos de crecimiento económico a la baja para este año. Basta con ver cómo la Reserva Federal estadunidense aprieta las condiciones monetarias. O cómo la economía china se desacelera abruptamente. O cómo Europa enfrenta deflación. O cómo comienzan a crecer las burbujas en las bolsas, en los bonos soberanos, en la deuda corporativa, en las materias primas, en el crédito. Allí, los ingredientes para una crisis, para un estallido, para una situación peligrosa a nivel mundial que afectaría la estabilidad nacional. Allí, los retos que crecen en la medida en que la economía mexicana no lo hace.

Y ante la posibilidad de una recesión global, la tentación en la que el PRI ha caído recurrentemente. Sexenio tras sexenio. Decisiones equivocadas impulsadas por el incentivo perverso de incurrir en déficits públicos para estimular la economía. Irresponsabilidad en el manejo de las finanzas con el objetivo de comprar elecciones y paz social. Despilfarro en la utilización de los recursos provistos por la reforma petrolera. Prácticas priistas del pasado que podrían repetirse en el futuro. Un gobierno que gasta y gasta y gasta para perpetuar a su partido en el poder. Un gobierno que actúa conforme a imperativos políticos en lugar de encarar realidades económicas. Los desequilibrios y las vulnerabilidades de México, así como su inserción en una economía global inestable.

Resulta ser que todo lo ofrecido, prometido, negociado, acordado, no ha sido suficiente aún. Ni la reforma laboral. Ni la reforma educativa. Ni la reforma fiscal. Ni la reforma en telecomunicaciones. Ni la reforma energética. Todo aquello que iba –supuestamente– a transformar la economía, liberalizar el mercado de trabajo, mejorar la enseñanza, estimular el crédito, fortalecer las finanzas públicas, romper con los monopolios en telefonía y televisión, modernizar al sector energético a través de la inversión privada. Todo aquello que si se hacía bien iba a propulsar a México al Primer Mundo. A la prosperidad. Al grupo de países emergentes que crecen a tasas aceleradas. Al lugar que desde el sexenio de Carlos Salinas se nos dijo que la nación podría y debería llegar.

Pero como argumenta la revista Forbes, los últimos dos años han sido descorazonadores. En 2013 México cayó en un bache del cual no ha logrado salir. Pasó de crecer 3.9% en 2012 a sólo 1.1%. en 2013. Pasó de situarse como una de las economías más dinámicas a nivel global a ser una de las más alicaídas a nivel regional. Y la pregunta para la cual no ha habido una respuesta gubernamental clara es: ¿por qué? A veces se dice que la razón es la economía estadunidense. A veces se alude al entorno global. A veces se alude al tiempo que tardará la implementación de reformas que todavía están en el papel. O quizás, como sugiere Raúl Feliz, del CIDE, el error fundamental fue aprobar todas las reformas de golpe. Sin priorizar, sin ver cuál era la más importante, la más urgente, la más necesaria.

Y ahora que finalmente se ha aprobado la que el gobierno considera detonadora del crecimiento –la energética– habrá que ver si puede cumplir con las expectativas que creó. La apuesta es enorme, la eficacia del gobierno es pobre, los retos regulatorios son inmensos, la posibilidad de que la reforma produzca una cueva de Ali Babá es real. La reforma se aplicará en un contexto de mal gobierno, de alta inseguridad, de reglas demasiado flexibles, de leyes que rara vez se cumplen. Ello, atado a la rapacidad de quienes ven el sector energético como un botín, puede producir un resultado muy distinto al prometido. Un resultado donde ganan los inversionistas pero pierden los consumidores; donde gana el sindicato que preserva sus privilegios pero pierden aquellos que los quisieran acotar; donde ganan los intereses corporativos pero pierden los intereses ciudadanos.

Mientras espera que la reforma energética resucite el sueño edulcorado, el gobierno no ha sabido cómo lidiar con el desplome en el sector de la construcción, que ha arrastrado a toda la economía hacia abajo. No ha sabido cómo lidiar con el rezago en 2013 de la ejecución del gasto público en infraestructura. No ha sabido lidiar con el efecto contraproducente de una reforma fiscal que socavó el crecimiento al reducir la capacidad de consumo y la demanda interna. Y de allí la paradoja: El gobierno tiene más recursos y la economía crece menos. La recaudación ha aumentado y el consumidor disminuye su gasto al sentirse exprimido. El “keynesianismo” gubernamental que reinyecte recursos a la economía y la reactive no ha ocurrido. El reloj corre, el tiempo transcurre, y México no se mueve.

Porque hay demasiada incertidumbre, porque las intenciones del gobierno no son claras, porque las preguntas en torno al uso del dinero público prevalecen, porque las reformas tocan algunos intereses enquistados, pero no lo suficiente. Por ello las interrogantes: ¿Las reformas son un cimiento o una sepultura? ¿La estrategia de todo a la vez desatará el crecimiento o evitará que ocurra? Si no hay resultados pronto, ¿Peña Nieto recurrirá a la política priista del pleistoceno, basada en el uso irresponsable del gasto para comprar tiempo? No hay respuestas en este momento y tardarán en venir. Lo que sí es evidente es el fin del enamoramiento, el fin del sueño, el fin de la fantasía que acompañó la llegada de Enrique Peña Nieto a la Presidencia. La portada de la revista Forbes no muestra a un presidente rozagante, triunfante, exitoso. Lo coloca de perfil, con el ceño fruncido, con un gesto preocupado. Y no es para menos.

Por Denise Dresser, Proceso, 1° de Agosto del 2014

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